Dos gatos mejor que uno: cómo presentar a un gato nuevo
Meter a un gato nuevo en casa de golpe es la mejor forma de que dos gatos se lleven mal para siempre. La clave está en ir despacio.
Tener dos gatos puede ser maravilloso: se hacen compañía, juegan juntos, se acicalan. Pero el momento de presentar a un gato nuevo al que ya vive en casa es delicado, y hacerlo mal puede condenar a los dos a llevarse mal para siempre. El error más común es meter al recién llegado de golpe, soltarlo en casa y esperar que se conozcan. Eso suele acabar en bufidos, peleas y tensión. La clave de una buena presentación es una sola: ir muy despacio.
Por qué no se puede ir deprisa
Para un gato, su casa es su territorio, y la llegada de otro gato es una invasión en toda regla. Si los juntas de repente, el gato residente se siente amenazado y el nuevo, perdido y asustado, y la primera impresión, cargada de miedo y tensión, puede marcar la relación para siempre. La presentación lenta evita justo eso: permite que se vayan conociendo poco a poco, sin susto, hasta que la presencia del otro deje de ser una amenaza. La paciencia ahora ahorra años de mala convivencia.
Primero, separados
La presentación empieza con los dos gatos en espacios separados, sin verse. El recién llegado en una habitación con todo lo suyo, comida, agua, arenero, escondites, y el residente con el resto de la casa. Así cada uno tiene su zona segura y se van acostumbrando al olor y a los sonidos del otro a través de la puerta, sin contacto directo. Esta primera fase, que puede durar días, es la base de todo: que se sepan presentes pero sin sentirse invadidos.
Dos gatos que se conocen primero por el olfato y luego por la vista, despacio, acaban conviviendo. Dos que se juntan de golpe, casi siempre se odian.
Intercambiar olores
Antes incluso de que se vean, conviene que se conozcan por el olfato, que para ellos es lo principal. Un truco muy eficaz es intercambiar olores: frotar una manta o un paño con un gato y dejarlo cerca del otro, y al revés, para que cada uno se familiarice con el olor del otro asociándolo a algo tranquilo. También se pueden intercambiar de habitación un rato para que exploren el espacio y el olor del otro sin estar presente. Cuando el olor del otro ya no les altera, están listos para el siguiente paso.
Los primeros encuentros
Solo cuando los dos están tranquilos con el olor y los sonidos del otro se pasa al contacto visual, y siempre de forma controlada y positiva. Primeros encuentros breves, por ejemplo a través de una rejilla o una puerta entreabierta, asociados a algo bueno como la comida o el juego, para que relacionen la presencia del otro con cosas agradables. Si hay calma, se van alargando; si hay tensión, se retrocede un paso. Sin prisa, hasta que puedan compartir espacio sin problemas.
Cada gato, su ritmo
No hay un tiempo fijo: algunas parejas se aceptan en días y otras necesitan semanas. Lo importante es respetar el ritmo de los gatos y no forzar. Una presentación bien hecha, lenta y positiva, es la mejor inversión para que dos gatos acaben conviviendo en paz, e incluso haciéndose grandes amigos. Tener paciencia al principio es lo que marca la diferencia entre una casa con dos gatos felices y una con dos gatos en guerra permanente.
3 comentarios
Hicimos la presentación por etapas, primero separados oliéndose por debajo de la puerta, y ahora duermen juntos. La paciencia es clave.
Lo de intercambiar olores con mantas antes de que se vean es un truco buenísimo. Llegaron a conocerse por el olfato primero.
La primera vez metí un gato de golpe y fue un desastre de bufidos durante meses. Esta vez, despacio, y genial. Se aprende.