Cómo hacer feliz a un gato que vive en un piso
Un gato de interior puede ser perfectamente feliz, pero necesita que le demos lo que el piso le quita: estímulos, altura y juego.
Existe el mito de que los gatos son animales independientes que se conforman con comida y un sitio donde dormir. Es falso. Un gato es un cazador curioso y activo que, en un piso, depende por completo de nosotros para tener una vida estimulante. La buena noticia es que un gato de interior puede ser perfectamente feliz; solo hay que darle lo que el piso le quita: altura, estímulos, escondites y juego. Y eso es más fácil y barato de lo que parece.
Los gatos viven en vertical
A diferencia de nosotros, que vivimos a ras de suelo, los gatos viven también en altura. Trepar, subirse a sitios altos y observar el mundo desde arriba es una necesidad para ellos: les da seguridad, control y diversión. Un piso plano, sin sitios donde subir, es aburrido para un gato. Unas baldas, un rascador alto, un mueble donde pueda encaramarse cambian su mundo por completo. Darle altura es darle metros cuadrados que el piso no tiene.
Necesita cazar, aunque sea jugando
El gato es un cazador por naturaleza, y en un piso no tiene presas. Esa energía de caza necesita una salida, o se transforma en aburrimiento, en correteos locos de madrugada o en morder y arañar. La solución es el juego: dedicar cada día un rato a jugar con él de forma que persiga, aceche y atrape, imitando la caza. Un gato que juega y caza a diario, aunque sea con un juguete, está estimulado, gasta energía y duerme tranquilo. El juego no es un capricho, es una necesidad.
Un gato aburrido en un piso no es un gato tranquilo: es un cazador sin nada que cazar. Dale juego y altura y será otro.
Escondites y tranquilidad
El gato también necesita sus rincones para retirarse, esconderse y sentirse seguro. Un sitio en alto, una caja, un escondite donde nadie le moleste son importantes para su equilibrio, sobre todo si hay niños o ruido. Respetar esos espacios y no forzarle a salir cuando se retira es respetar su naturaleza. Un gato que tiene dónde refugiarse cuando lo necesita es un gato más confiado y relajado en el resto de la casa.
La ventana, su televisión
Un detalle sencillo y muy valioso: el acceso a una ventana con vistas. Para un gato de interior, mirar la calle, los pájaros, el movimiento, es entretenimiento de horas. Un sitio cómodo junto a una ventana es uno de los regalos más baratos y agradecidos que puedes darle. Eso sí, con la seguridad de que no pueda caer ni escaparse. Esa ventana es su conexión con el mundo exterior que no pisa.
Pequeños cambios, gran diferencia
Hacer feliz a un gato de piso no exige grandes cosas ni mucho dinero: altura para trepar, juego diario para cazar, escondites para sentirse seguro y alguna ventana para mirar el mundo. Con esos elementos, un gato de interior tiene una vida plena y equilibrada, y se nota: está más activo, más tranquilo y menos propenso a problemas de conducta. Enriquecer su entorno es la mejor forma de querer a un gato que depende de ti para todo.
3 comentarios
Puse un par de baldas y un rascador alto y mi gato es otro. Trepar y mirar desde arriba le encanta. No sabía que lo necesitaba tanto.
Lo del juego diario para que cace y gaste energía me quitó los problemas de que correteara como loco de madrugada. Cansado de día, duerme de noche.
Una ventana con vistas a la calle es su televisión favorita. Se pasa horas mirando pájaros. Detalle barato y feliz.