Cómo elegir el perro adecuado para tu vida (y no al revés)
El error más común no es educar mal a un perro, es elegir uno que no encaja con tu vida. Acertar aquí evita el 90% de los problemas.
La mayoría de los problemas de convivencia con un perro no nacen de una mala educación, sino de una mala elección. Mucha gente elige perro por su aspecto, porque era una bola de pelo adorable de cachorro o porque vio uno bonito en una foto, sin pensar si ese animal encaja con su vida real. Y un perro vive muchos años. Acertar en la elección evita la inmensa mayoría de los problemas que vienen después.
Mira tu vida, no la raza
Antes de fijarte en razas o en lo mono que es un cachorro, mira tu propia vida con honestidad. ¿Cuánto tiempo pasas fuera de casa? ¿Tienes espacio? ¿Eres activo y sales mucho o más bien tranquilo? ¿Hay niños, otros animales, vecinos sensibles al ruido? Un perro no se adapta mágicamente a cualquier situación: cada animal tiene unas necesidades de ejercicio, espacio y compañía. El perro adecuado es el que encaja con la vida que llevas, no con la que te gustaría llevar.
La energía importa más que el tamaño
Un error común es fijarse solo en el tamaño, pensando que un perro pequeño da menos trabajo. No siempre es así: hay perros pequeños con muchísima energía que necesitan ejercicio constante, y perros grandes tranquilos que se conforman con un par de paseos. Lo que de verdad marca la convivencia es la energía y las necesidades del perro. Un animal muy activo en manos de alguien sedentario y sin tiempo es una receta para la frustración de los dos.
El perro no se adapta a tu vida por arte de magia: o lo eliges pensando en cómo vives, o pasaréis años intentando encajar a la fuerza.
La opción del adulto
Existe la idea de que hay que coger al perro de cachorro para que se acostumbre, y no es del todo cierto. Adoptar un perro adulto tiene una ventaja enorme para quien no quiere sorpresas: su carácter, su tamaño y su nivel de energía ya están definidos, así que sabes exactamente lo que tienes. Con un cachorro, en cambio, apuestas un poco a ciegas sobre cómo será de mayor. Un adulto tranquilo en una protectora puede ser la elección más sensata para mucha gente.
El compromiso es largo
Conviene recordar lo más importante: un perro es un compromiso de muchos años, no un capricho de una temporada. Va a depender de ti para todo durante toda su vida: paseos cada día, atención, cuidados, gastos, y estar ahí también cuando sea mayor o se ponga enfermo. Elegir bien no es solo cuestión de que el perro encaje hoy, sino de estar seguro de que vas a poder cuidarlo durante toda su vida. Esa reflexión, hecha antes, evita muchos abandonos.
Piensa con la cabeza, no solo con el corazón
Es difícil resistirse a unos ojos tiernos, pero la elección de un perro merece pensarse con la cabeza además de con el corazón. Tómate tu tiempo, sé honesto con tu situación y tu vida, infórmate del carácter y las necesidades del animal concreto, y elige el que de verdad pueda ser feliz contigo y hacerte feliz a ti. Un perro bien elegido es el principio de muchos años buenos; uno mal elegido, de muchos problemas evitables.
3 comentarios
Ojalá hubiera leído esto antes. Cogimos un perro muy activo viviendo en un piso pequeño y sin tiempo. Lo solucionamos a base de paseos, pero sufrimos todos.
Lo de elegir por carácter y no por lo bonito que es de cachorro es clave. Crecen y siguen siendo ellos.
Mejor adoptar un adulto si no quieres sorpresas, su carácter ya está formado y sabes lo que hay. Gran consejo.